Carta de esperancina abusada por su padre: un relato estremecedor

Cuenta lo que tuvo que padecer durante muchos años en su vivienda, lo que la obligó a dejar nuestra ciudad e incluso mudarse al exterior. Apunta contra su progenitor, pero también contra otros miembros de su familia que lo cubrieron.

La colectiva feminista Se Dice de Mí recibió días atrás una carta de una joven que decidió contar las atrocidades que tuvo que padecer de parte de su padre, que la abusaba sexualmente, y la vista gorda del resto de sus familiares, que nunca la ayudaron.

Como consecuencia de estos actos se fue de la ciudad, incluso se mudó a otro país y después de mucho tiempo reunió la fuerza necesaria para poder contar su cruel historia con el objetivo de ayudar a otras víctimas.

A continuación, compartimos el testimonio de manera textual:

Veo las noticias y pienso en todas las mujeres que ya no tienen voz, porque se las apagó este sistema misógino y patriarcal. Pienso que yo sí, que yo sí tengo voz.

Pienso en el machismo y freno. Freno y retrocedo, y veo que toda mi crianza estuvo encuadrada en una educación patriarcal. Tanto así, que cuando tuve la fuerza y el valor de decirle a mi entorno familiar quién era mi abusador, y que mi abusador vivía en mi propia casa, la respuesta de mi mamá fue: «callate la boca, no hables mal de tu padre que él toda la vida se rompió el lomo para darte lo mejor».

Así de sencillo, como si el hecho de haberme criado y mantenido económicamente fuera justificativo de creer que mi cuerpo también le pertenecía. Tan así, que mis hermanas y mi mamá se pusieron a la defensiva de la pobre víctima al hombro, pero no se confundan, esa víctima no era yo… en esta historia la víctima era y sigue siendo, el victimario.

El pobre hombre que te mandó a un colegio católico donde aprendiste lo sagrada que es la familia, para que después te creas tan rebelde de venir a cuestionarle algo, y mucho más, de venir a manchar su nombre. ¿Quién te crees que sos? Estás loca, estás enferma, te vamos a tener que internar, ¿cuánta plata gasté mandándote a psicólogas porque no sabía que te pasaba? No te sirvió para nada… ¿En serio crees que alguien va a creerte? Todo el mundo lo conoce, saben que es un buen tipo, un padre de familia. Mejor callate, acá la que va a quedar como una pobre loca sos vos.

Sigo pensando… Y pienso en mi hermana, que se casó con un degenerado igual que su padre. Y que cuando una mujer fue a tocarle la puerta, diciendo que el susodicho había manoseando a su hija, le cerró la puerta en la cara, porque «no, ese no es mi marido, está equivocada señora».

Pienso en mi hermano varón -muy distinto al hombre que nos crió- que me creyó cuando le conté lo que me había pasado. Pero solo por un ratito, hasta que llegó a enfrentar al victimario, y de nuevo… bajo su manipulación, el victimario se convirtió en la víctima.

Pienso que no denuncié penalmente porque pasaron muchos años. Pienso en mi primer novio, que fue mi refugio fuera del infierno que era vivir en esa casa. Vivir en esa casa era sentir escalofríos al verlo entrar, asco al sentirlo respirar, anorexia para evitar sentarse en la misma mesa. Bulimia, porque de alguna manera tenía que vomitar todo el asco que me carcomía por dentro.

Pienso en que me salvé, en que no soy más parte de nada de todo eso, de eso sagrado que me hacían creer que era mi familia. Ya no soy eso, estoy muy lejos de todo eso. Me fui de esa casa, me fui de la ciudad, me mudé de provincia, y hasta me fui del país…

Pienso y no me callo más. Porque ESTAS COSAS SÍ SE HABLAN, ESTAS COSAS SÍ SE DICEN.

Termino esto pensando en el nombre de la ciudad en la que nací y a la que… pienso que no se si alguna vez estaré preparada para volver, Esperanza.

Me quedo con la Esperanza, con la fuerza, y con la seguridad de que a este sistema lo empezamos a destruir, que somos muchas y estamos organizadas. Que somos muchas las que tenemos voz, para gritar bien fuerte lo que nos pasa todos los días, por nosotras, por las que no pueden, por las que no saben cómo hacerlo… para que sepan que somos muchas de este lado. Este lado que escucha, cree y acompaña”.

Información valiosa

Respecto a este estremecedor testimonio, desde la colectiva feminista Se Dice de Mí explicaron que no revelan la identidad para no revictimizar a la joven y que el objetivo es dar a conocer el valiente relato para animar a otras personas a contar los hechos que puedan estar padeciendo.

Además manifestaron lo siguiente: “Hace unos días nos llegó este escrito conmovedor de una víctima que durante años buscó la manera de poner en palabras lo que le sucedió y junto a ella pensamos que es un documento que puede ayudar a otres a enfrentar el abuso y pedir ayuda.

Queremos dejar información valiosa para quienes la necesiten y estén atravesando por una situación similar.

Gracias a la vulgarmente conocida Ley Piazza, en 2015 se modifican los plazos de prescripción del delito de abuso sexual en la infancia, a raíz de esta modificación del Código Penal Federal Argentino se amplió el tiempo de prescripción para comience a computarse desde el momento de la denuncia. La Ley Nº 27.206 está centrada en el RESPETO A LOS TIEMPOS DE LAS VÍCTIMAS y en ella se señala la jurisprudencia nacional vigentes y los Convenios Internacionales a las cuales Argentina ha adherido y está obligada por el artículo 75 de la Constitución, como la Convención sobre los Derechos del Niño (1989).

En nuestro país si sos víctima de violencia familiar o sexual, grooming o explotación sexual, o sabés de alguien que lo sea, la Línea 137 brinda contención, asistencia y acompañamiento las 24 horas y es gratuita. ¿Qué quiere decir todo esto? Que si tu tiempo llegó y sentís fuerzas suficientes podés hacer la denuncia penal ahora, hoy, no importa cuánto tiempo haya transcurrido.

Leer el relato en primera persona, la secuencia de sucesos, la falta de un entorno afectivo sano, la ausencia de contención para poner en palabras los hechos nos hace pensar en la necesidad de la Educación Sexual Integral en los ámbitos educativos. Las experiencias recogidas en estos años de implementación, con miles de obstáculos, da cuenta de la importancia de esta herramienta al momento de poner en palabras un abuso y/o identificarse como víctima, para cientos de niñes.

Urge la ESI en las Escuelas, urge la empatía, urge que las víctimas encuentren contención y apoyo, porque se les va la vida entre silencios cómplices y secretos familiares.

La marea trajo lemas potentes, hoy nos quedamos con un ‘Te creo hermana, no estás sola’.

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